La muerte súbita, es un fenómeno que ha recibido especial atención desde la antigüedad. Una de las primeras descripciones de lo que posiblemente fue una muerte súbita se encuentra en el Nuevo Testamento (Hechos 5, 1-11), cuando Ananías y Safira mueren después de que Pedro les coja en una mentira.
Estudios en relación al tema llegan a ideas similares en el que se concluye
que las causas reales son difíciles de estudiar, no obstante cardiólogos coinciden en que la muerte súbita es una versión extrema del estrés agudo que provoca fibrilación ventricular (los ventrículos se contraen de forma rápida y descordinada) e isquemia cardíaca. Parece que el hecho decisivo en la muerte súbita es la fibrilación.
Se puede producir sin tener historial de enfermedad coronaria, en tales
casos las autopsias suelen demostrar la existencia de un grado elevado de
arterioesclerosis con ateroma (tapón en los vasos sangüíneos).
Sin embargo hay casos misteriosos de personas de 30 años aparentemente sanas que son víctimas de una muerte súbita por paro cardíaco cuyas autopsias no revelan signos de ateroma.
Entre la lista de factores que precipitan la muerte súbita se halla uno especialmente interesante “el triunfo o la alegría extrema”. Este placer mortal se explica atendiendo a la razón de que el corazón (entre otras partes del cuerpo) a las que le da lo mismo en que dirección se rompa el equilibrio homeostático, lo que les importa es el grado de RUPTURA.
La ira, el éxtasis, la pena o el triunfo pueden ser emociones excesivamente fuertes para nuestro débil equilibrio homeostático.
